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Volontè y su creación del sociópata El Indio

Por | 26 marzo 2006 | Comentar

Sergio Leone, creador y máximo exponente del Spaguetti Western, siempre dio una especial importancia a los malvados de sus películas. Los dotó de una personalidad muy particular que solía perfilar al detalle. Son más que seres despiados, son, en realidad, sociápatas que no dudan al ejercer el acto más cruel que alguien puede cometer: matar a un igual. Es más, no sólo no se lo piensan a la hora de apretar su ligero gatillo, sino que parecen encontrar cierto placer en descargar su revólver sin rastro de compasión. Dice Willy Munny, el personaje de Eastwood en Sin Perdón: "Matar a un hombre es algo despreciable. Le quitas todo lo que tiene, y todo lo que podría llegar a tener". Para este tipo de forajidos, generalmente en estado de inconsciencia por el alcóhol, las drogas o su propia mente enferma, esto no parece contar. Matan sin pestañear.

Volviendo a Leone, él ha creado dos de sus malos más carismáticos en La muerte tenía un precio (Per qualche dollare in più), con El Indio encarnado por Gian Maria Volontè, y en Hasta que llegó su hora (Once upon a time in the west), con un extraordinario Henry Fonda que escandalizó a medio EE.UU. tras romper su estereotipo de sempiterno hombre cabal. Pero hablaremos de Fonda y su personaje Frank, el asesino de niños, en otra ocasión.

Quería ahora rendirle mi modesto tributo a este excepcional actor italiano y a su soberbia interpretación de El Indio. Gian Maria Volontè (1933, Milán - 1994, Florina, Grecia) se diplomó en la Academia de Arte Dramático en 1957 y debutó en la tele con la adaptación de la obra teatral L'idiota. Trabajó por primera vez en el cine en Bajo diez banderas (Sotto dieci bandiere, 1960). Luego rodó otros dos filmes en 1962 y 1963, pero la fama internacional le llegó en dos cintas que, según Wikipedia, nunca consideró serias: Por un puñado de dólares (1964) y La muerte tenía un precio (1965). Ambas, por cierto, rodadas en Almería para abaratar los excesivos costes que suponía filmar en los típicos escenarios de los westerns americanos. Pero su carrera seguiría tras estos éxitos por derroteros muy distintos. Como explican en este web de la RAI, de la mano de directores como Francesco Rosi y Giuseppe Ferrara, Volontè se convirtió en "la cara más representativa de un cine con fuertes connotaciones políticas y civiles" gracias a sus interpretaciones de personajes reales como el de Aldo Moro en Il caso Moro (1986), famoso primer ministro italiano secuestrado y asesinado por las Brigadas Rojas en 1978. Su último trabajo lo rodó en España, donde alcanzó la fama, pero en un registro muy distinto al de los 60. Interpretó a Tirano Banderas en la adaptación de este clásico de Valle-Inclán dirijida por José Luis García Sánchez, quien también escribió el guión junto a Rafael Azcona.

¿Por qué me parece genial su trabajo como El Indio en La muerte...? Por lo convincente que resulta el perpetuo estado de cuelgue en el que parece estar este asesino y atracador. La mirada ida, su indolencia a la hora de matar o su maldad cuando confabula contra los suyos los hace creíbles Volontè con cada uno de sus gestos. Su aspecto físico, con la barba canosa y el pelo desaliñado, parecen propios de un perturbardo andrajoso. Y su mirada, la mayor parte de las veces como ida, hacen de El Indio un tipo de lo más despreciable. Ni siquiera resulta valeroso como líder de los delincuentes, pues su ruindad le lleva a parapetarse en sus hombres para evitar enfrentarse a sus temibles enemigos, los cazarecompensas interpretados por Clint Eastwood (El Manco) y Lee Van Cleef (Coronel Douglas Mortimer). Por todas estas razones me parece sobresaliente este papel de Volontè, quien contribuyó a hacer más grande este clásico de Leone.

  • La frase de El Indio: "A esos dos es mejor tenerlos de frente que a la espalda, y mejor todavía fríos. Completamente fríos"

  • Y el vídeo del duelo. En él, Leone da una lección de mezcla de planos (de largos a primerísimos) para crear esa tensión tan característica en los duelos de sus westerns. La música de Morricone enfatiza a la perfección toda la tensión acumulada hasta ese instante.