
Quizá a muchos les valga, pero otros aún acudimos a las salas con la esperanza de que nos sorprendan y sin conformarnos con el resultado ya previstoHasta ahora, la Marvel había preferido jugar un papel subalterno en la parte creativa de las diversas adaptaciones cinematográficas de sus principales héroes. Se limitaba a tarifar los derechos de sus historietas a las gentes del cine y a incluir su nombre, como sello de calidad, en las múltiples cintas de origen comiquero estrenadas en los últimos tiempos. Con Iron Man se rompe por vez primera esta premisa y los dueños de este emporio del cómic han decidido capitanear el proyecto financiándolo como productores ejecutivos y estrenando para la ocasión la firma Marvel Studios. Y no parece que ésta vaya a ser una excepción a la que hasta ahora venía siendo una norma, sino la nueva ruta que emprenda la compañía en su fuerte apuesta por lo audiovisual en la industria del entretenimiento. De modo que ésta es la primera pieza de otras muchas, dada la larga lista de venideros filmes que la Marvel tiene planeado lanzar (Deathlok, El Increíble Hulk, Magneto, Luke Cage o Doctor Strange, entre otros).
Título: Iron Man
Dirección: Jon Favreau.
País: USA.
Año: 2008.
Duración: 127 min.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Interpretación: Robert Downey Jr. (Tony Stark/Iron Man), Terrence Howard (James Rhodes), Jeff Bridges (Obadiah Stane), Shaun Toub (Yinsen), Gwyneth Paltrow (Virginia "Pepper" Potts), Faran Tahir (Raza), Jon Favreau (Hogan).
Guión: Mark Fergus, Hawk Ostby, Art Marcum y Matt Holloway; basado en los personajes creados por Stan Lee, Larry Lieber, Don Heck y Jack Kirby.
Producción: Avi Arad y Kevin Feige. Música: Ramin Djawadi.
Fotografía: Matthew Libatique.
Montaje: Dan Lebental. Diseño de producción: J. Michael Riva.
Vestuario: Laura Jean Shannon.
Estreno en USA: 2 Mayo 2008.
Estreno en España: 30 Abril 2008.
Web: www.sonypictures
releasing.es
/ En Muchocine.net
Mientras se confirma una u otra tendencia, o ninguna de las dos, sí podemos valorar esta primera cinta de Marvel Studios. Iron Man ofrece las virtudes y defectos habituales de filmes similares: está bien hecho técnicamente, no aburre, pese a alguna laguna en su ritmo, pero tampoco sorprende ni aporta nada radicalmente distinto a adaptaciones de superhéroes recientes (Spiderman 3, Superman Returns o Los 4 Fantásticos). Por tanto, ni sorprende ni arriesga. Se sabe como el núcleo de un gran negocio del que dimanarán otros ingresos, por la vía del merchandising, tan o más lucrativos que la propia explotación del producto cinematográfico.
Los actores implicados se muestran relajados en pantalla, conscientes de que no serán juzgados severamente por participar en un proyecto del que sacarán unos cuantos milloncejos casi sin despeinarse. El dinero fácil, con los llamados 'papeles alimenticios', nunca ha sido muy censurado siempre que los intérpretes terminen por volver al redil de las obras con afán más artístico. Por eso, Robert Downey Jr., Jeff Bridges, Gwyneth Paltrow o Terrence Howard, intérpretes de talento más que acreditado en filmes previos, cumplen con oficio y se limitan a ejercer de pulcros profesionales.
El guión tampoco es un dechado de originalidad. Muy parecido al de otras adaptaciones comiqueras, ejerce dignamente de prólogo inicial para futuras secuelas, aunque vuelve a caer en los pecadillos habituales, como los chistes sin gracia o la inclusión de pobres 'affaires' románticos de los que bien se podría prescindir. Que la parte técnica esté bien resuelta ya no es noticia en la era de los efectos digitales. Por tanto, Iron Man sólo es recomendable como cinta de entretenimiento sin pretensiones. Quizá a muchos les valga, pero otros aún acudimos a las salas con la esperanza de que nos sorprendan y sin conformarnos con el resultado ya previsto. Ojalá Christopher Nolan siga alimentando esta esperanza con El cabellero oscuro, su segunda entrega de Batman.
lunes 5 de mayo de 2008 |
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La Marvel lo tiene claro: el cine es el futuro
domingo 2 de marzo de 2008 |
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La hazaña de un héroe-granuja

Aunque sean más conocidos por su prepotencia y ombligismo mundial, los norteamericanos también saben ironizar sobre sí mismos y desacralizar los hitos de su historia. Un buen ejemplo de ello es este filme basado en la vida real del congresista Charlie Wilson, un vividor y mujeriego empedernido cuyo historial haría palidecer al republicano más puritano. Un hombre así, que se autodescribe con un único talento político: el de su habilidad para salir siempre reelegido en una circunscripción sin exigencias de votantes o lobby alguno, fue capaz de liderar una guerra encubierta contra los soviéticos en la contienda que éstos mantuvieron con los afganos a comienzos de los ochenta.
Título: La guerra de Charlie Wilson (Charlie Wilson's war)
Dirección: Mike Nichols.
País: USA.
Año: 2007.
Duración: 97 min.
Género: Biopic, drama.
Interpretación: Tom Hanks (Charlie Wilson), Julia Roberts (Joanne Herring), Philip Seymour Hoffman (Gust Avrakotos), Amy Adams (Bonnie Bach), Ned Beatty (Doc Long), Emily Blunt (Jane Liddle), Om Puri (presidente Zia Ul-Haq), Ken Stott (Zvi Rafiah), Jud Tylor (Crysta Lee).
Guión: Aaron Sorkin; basado en el libro homónimo de George Crile.
Producción: Tom Hanks y Gary Goetzman.
Música: James Newton Howard.
Fotografía: Stephen Goldblatt.
Montaje: John Bloom y Antonia Van Drimmelen.
Diseño de producción: Victor Kempster.
Vestuario: Albert Wolsky.
Estreno en USA: 21 Diciembre 2007.
Estreno en España: 22 Febrero 2008.
Web: http://www.laguerradecharliewilson.es/
/ En MuchoCine.net
Mike Nichols, tras la estupenda Closer, confirma su buena forma con este notable relato repleto de humor negro, diálogos ingeniosos y un gran reparto dirigido con su habitual buena mano para la dirección de actores. En esta ocasión, también todos ellos rayan a gran altura: comenzando por un divertido Tom Hanks, resarcido tras su interpretación cara-de-palo en el bodrio de El Código Da Vinci, siguiendo por la reaparecida Julia Roberts, eficaz en su papel de adinerada católica integrista, y destacando sobre todo el magnífico trabajo de Philip Seymour Hoffman, ejerciendo de espía bruto y campechano pero con un indiscutible talento para el ejercicio de la guerra sucia.
En definitiva, otro de esos filmes en los que los EE UU revisan algunos de sus pasajes gloriosos pero desde una visión desapasionada, no autocomplaciente y hasta crítica. Porque, como concluye la cinta en su corolario, aquella guerra se ganó y Occidente pudo entonces haber estrechado sus lazos con los países árabes y de la órbita musulmana, pero "la cagamos en la jugada final". Y de aquellos polvos, añadiría yo, padecemos los actuales terroríficos lodos.
[+] Buen cine para airear los trapos sucios propios
domingo 24 de febrero de 2008 |
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¿Por qué nos gustan los frikis?

Su aparentes transgresiones no buscan provocar a quienes sí siguen dictados. No tratan de autoafirmarse por la vía de la rebelión social: un personaje tan obvio no promovería con tanto éxito la identificación del espectador. Su encanto reside en la normalidad con que viven lo que a los ojos de la mayoría son rarezas o frikadas. Esa mezcla de autonomía y criterio propio es lo que nos gusta de ellos, al margen de que nos puedan atraer también algunas de sus particulares aficiones o de que compartamos sus originales puntos de vista.
Estas criaturas cinematográficas sobresalen por su independencia y su origen no podía dimanar de otro lugar que no fuera el de la modesta, aunque fecunda, industria del cine independiente. Los filmes producidos desde estos ámbitos alternativos vienen ampliando su público gracias el periódico éxito anual de dos o tres cintas nacidas al socaire del puñado de productoras indies. Sus repartos también suelen resultar distintos, pues, aunque se pueda 'colar' algún nombre típico del star system, en ellos se valora más el talento asociado a su idoneidad para el papel que el peso del rutilante nombre de turno en los títulos de crédito.
Probablemente, los frikis también nos gusten porque casi todos compartimos alguna rareza con ellos y anhelamos vivir absortos en cualquiera de nuestras frikadas. Como, por ejemplo, escribir un blog.
domingo 10 de febrero de 2008 |
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Los Coen vuelven al lugar del crimen

Ironías cinematográficas: Tommy Lee Jones, otrora el implacable policía perseguidor del inocente Richard Kinball en El fugitivo, ejerce en No es país para viejos de un sheriff en retirada por haber perdido toda fe en el sentido de su trabajo durante el caso relatado en el filme. Un hombre que presenciará una despiadada carnicería a manos de otro que mata con la cotidianeidad de un cartero repartiendo el correo. Un hombre, este sheriff Bell, al que ya no le merece la pena jugarse la vida por algo que escapa a su comprensión. El rol del héroe en esta cinta de los Coen no tiene cabida.
Título: No es país para viejos (No country for old men)
Dirección: Ethan Coen y Joel Coen.
País: USA.
Año: 2007.
Duración: 122 min.
Género: Drama, thriller.
Interpretación: Tommy Lee Jones (sheriff Bell), Javier Bardem (Anton Chigurh), Josh Brolin (Llewelyn Moss), Woody Harrelson (Carson Wells), Garrett Dillahunt (agente Wendell), Kelly Macdonald (Carla Jean Moss), Tess Harper (Loretta Bell).
Guión: Joel Coen y Ethan Coen; basado en la novela homónima de Cormac McCarthy.
Producción: Joel Coen, Ethan Coen y Scott Rudin.
Música: Carter Burwell.
Fotografía: Roger Deakins.
Montaje: Roderick Jaynes.
Diseño de producción: Jess Gonchor.
Vestuario: Mary Zophres.
Estreno en USA: 21 Noviembre 2007.
Estreno en España: 8 Febrero 2008.
Web: www.noespaisparaviejos.es
/ En MuchoCine.net
En este retrato de claroscuros, sólo parece comportarse con coherencia el psicópata de la función. Su trabajo es matar y cuando promete a alguien que lo va a hacer, no duda en cumplir su palabra inflexiblemente. El único resquicio para la salvación está en el azar del cara o cruz de una moneda impuesto a la víctima. "Todos me dicen antes de matarles que no tengo por qué hacerlo", replica a una de sus víctimas el 'coherente' psicópata Anton Chigurh, quien no se aparta un ápice de sus férreos compromisos, por salvajes que éstos sean, mientras sus adversarios se desmoronan por el innato instinto de supervivencia.
No es país para viejos deja a una lado la ligereza de trabajos previos de los Coen (The Ladykillers, Crueldad intolerable) devolviéndoles a su papel de sociólogos de la Norteamérica más profunda. Y para su mirada con microscopio de la zona sur de EE UU colindante con México han elegido a un reparto de lo más idóneo: empezando por Lee Jones, quien es originario de allí y debutó en la dirección con una gran cinta incardinada en esos mismos páramos; continuando por Javier Bardem, quien asume un papel clave en todo el filme con un trabajo merecedor de cuantos premios le han otorgado y le puedan otorgar; y siguiendo por Josh Brolin, en un personaje muy típico de los Coen, el del ingenuo que cree haber encontrado una oportunidad de oro sin reparar en que ésta, como si de un bumerán se tratase, puede arruinarle aún más su mediocre existencia.
Todo este fenomenal trabajo actoral se ve respaldado por la perfección de una añeja fotografía o una concisa banda sonora, así como por un montaje de ritmo lento en el que sólo la violencia seca interrumpe la calma tensa presente en todo el metraje de este gran filme.
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